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LITERARIA



Adrián Espejo el vocero de los soldados anti-guerrillas del enfrenamiento de Teoponte.

VENCEDORES VENCIDOS

Nativo de la provincia José Manuel Pando de Santiago de Machaca. El dragoneante Adrián  Espejo Choquehuanca relata la odisea de sus camaradas en el combate contra la guerrilla de Teoponte.

Trabajando en la atención de la Carrera de Comunicación Social se encontraba el veterano de las antiguerrillas de 1970, Adrián Espejo, con pantalones formales y una chamarra para contrarrestar el frio- aunque no cundía en su plena actividad térmica- En la mesa que daba al frente de la puerta principal del edificio, de cuál se encargaba de portero, empezó a recordar sus memorias de aquel tiempo de las insurgencias que Bolivia había vivido.

En el sudeste del país, limitando con la frontera Perú- Chile, tenía su oportunidad de servir a la patria. Menor de edad que aun asistía a la escuela “Litoral” Santiago de Machaca, veía su vida en constante cambio, con la muerte de su  padre Manuel Espejo Quispe un benemérito de la Guerra del Chaco. Solo vivía con su madre Marcela Choquehuanca Pérez.

Sobre 4.100 metros sobre el nivel del mar, el lugar donde vivía Don Adrián, recuerda  que era un espacio altiplánico y muy tranquilo, con una producción en plenitud ganadera. A los 10 años se ganaba la vida ayudando a su madre en la fabricación de sombreros “ecológicos”[1], según él. Manifiesta su total felicidad al percatar “la ayuda que he brindado a mi madre ha servido  a la sobrevivencia de mis hermanas y por ello me siento feliz y realizado”[2].  Se enaltecía orgulloso. 

Al emigrar a la ciudad de La Paz, sin antes avisar a su familia que iba presentar su servicio militar los mismos que respondieron orgullos y contentos, se encontraba con una idea vaga de la guerrilla de Nancahüazu que ya había llevado a Ernesto “Che” Guevara a la muerte, nunca se imaginó que él iba ser parte de la historia insurgente del país. 

Con la mentalidad de virilidad, que sigue en vigencia en las provincias por asistir al cuartel, Adrián Espejo de 17 años entraba al Regimiento Colorados en junio de 1969. La instrucción militar era en constante dura, “porque antes la mayoría de los conscriptos no sabían leer ni captar las ordenes muy rápido, nos manejaban a palos. Pero ahora el cuartel parece solo el colegio” afirmaba en tono de broma el ex soldado.

A los un año con un mes el soldado Adrián Espejo estaba listo para salir del cuartel, cuando los soldados nuevos de los colorados de Bolivia inundaban las calles de La Paz a gritos para avisarles a los “antiguos” que ya era hora de su “licensamiento”[3]. No tenía la más mínima idea de a donde les llevaría cuando salía una mañana del cinco de julio de 1970. “En los días siguientes se instala en  Teoponte el Estado Mayor para las operaciones antiguerrilleras, a cargo del jefe militar coronel Constantino Valencia Oblitas”[4]. Con dotación de uniforme y botas nuevas, aun no les avisaban a donde les llevarían al soldado Espejo y sus camaradas, cuando partieron en avionetas hacia Tipuani donde les alertan que están en pie de guerra.
El general Alfredo Ovando Candía ex presidente de la nación, quien había derrocado al Dr. Adolfo Siles Salinas, había declarado en estado de sitio a toda Bolivia y en zona militar a las provincias en donde se suscitaba el combate.  

Preparados para el enfrenamiento bélico, Adrián hace recuerdo de su comandante de escuadra y amigo, Mario Villalva Valeriano -actualmente portero del hospital Obrero- quienes juntos combatieron en el norte de La Paz. Con el cambio de clima y el miedo a flor de piel sentía, que venía  la muerte por él.
El 15 de julio de 1970 los guerrilleros a la cabeza de Osvaldo “Chato” Peredo, Jorge Ruiz “Omar”, Jorge Fernández “Felipe”, Estanislao Villca “Alejandro” y Luis Barriga “Martin”, entraron a Teoponte con la excusa de un grupo de alfabetizadores, distracción similar la que llevo a cabo el “Che” en Nancahuazu.    
Los esperaba la compañía “A” de los Colorados al mando del capitán Arcil Carrasco Téllez, eran 94 soldados. “Caminábamos por más de dos meses lo cual me perjudicaba, porque al principio informe a mis superiores que conocía el terreno  –caranavi- me situaron al frente de la compañía y no tenía nada que hacer más que arrepentirme ”[5].

En el rio Esperanza que baja de la provincia Apolo se dio el primer combate armamentista entre los soldados de la compañía A y los guerrilleros de Teoponte. El ruido alertaba delataba a los insurgentes “pero por suerte nos desviamos  apenas entrando unos dos o tres posiciones y empezó el tiroteo” comentaba el excombatiente.
La humedad destrozaba los pies y la lluvia con el calor diezman las fuerzas de los soldados, al caer necesitaban la ayuda para continuar y el camarada en esos momentos no  abandona. Se situaron en el pueblo de Charupampa, “donde los pobladores recogían víveres y el juez y corregidor cocinaban los alimentos”[6] como un acto de unión patriótico. 

San Antonio  fue  el lugar donde tuvieron el segundo contacto con el Ejército de Liberación Nacional, descansan los soldados en medio de la madrugada selvática, dos movimientos hacen despertar la sospecha de los dirigidos por el  teniente Javier Hinojosa. “El centinela disparo y nosotros reaccionamos sorprendidos, los guerrilleros trataron de escaparse abriendo fuego a ráfagas con sus ametralladoras” relata con su pluma Don Adrián. Mueren dos conscriptos Florencio Cortés Nina –rescatado después de media hora de agonizar- y Facundo Yujra Choque, cuentan que lo arrastro el rio y no rescatado hasta el momento,  las muertes guerrilleras no fueron identificadas. Pero, sorprendido, el veterano de Teoponte, dice, “los cadáveres  del enemigo no eran desechados en medio de la selva, los dejaban en medio de la senda o donde pudiera existir una, porque era más fácil encontrar los cuerpos en un futuro.  Algo de humanidad hubo en este caso”[7]

Las pocas fracciones de la guerrilla desaparecían y se debilitaban. Tras unos días de tranquilidad el soldado Adrián, tuvo la misión  de enseñar a sus camaradas a nadar por el rio Chimate al norte de La Paz, ya que él se había jactado de su experiencia. El Teniente Javier Hinojosa le había ordenado llevar sus compañeros. Después de  haber disfrutado un buen baño, Adrián noto que un lugareño muy joven había tocado el arroz que una señora que había estado secando al sol, no le tomo mucha importancia cuando la dueña del alimento le reprocho al joven por haber manejado su arroz, él no tuvo reacción alguna. El Teniente Hinojosa le hace un llamado al soldado Adrián Espejo, él  espera una felicitación por el cuidado que le proporciono a sus camaradas, pero no, con el reproche dijo “no toques cosas ajenas” confundido de persona, tal vez por la apariencia o la edad que tenían el joven lugareño y Adrián, el instinto de justicia responde inerte del soldado y dice “yo he tocado nada mi teniente” pasando de largo el duro protocolo militar. El Teniente despertó en furia  y apuntándole con el arma gritó “los mentirosos deben morir”, tuvo que disentir en sus afirmaciones y acepto la culpa por sobrevivir.

Ahora,  el recuerda esa confusión y de haberse salvado de la muerte, ya que asegura que el Teniente Javier Hinojosa “estaba loco y la misma historia lo vincula con la dictadura de Luis García Mesa en la muerte de Marcelo Quiroga Santa Cruz y la masacre de la calle Harintong”.
Con la renuncia del general Ovando y el juramento del nuevo presidente general Juan José Torres. En Tipuani capturaban al comandante del Ejército de Liberación Nacional  Osvaldo “chato” Peredo de nacionalidad chilena. Después el Presidente de la nación otorgaba garantías para su salida de Bolivia hacia Chile por mandato del entonces gobierno comunista del presidente Salvador Allende. 
Terminó la lucha insurgente y después de casi dos años el soldado de la primera compañía del Regimiento Colorados,  Adrián Espejo, salió del cuartel, con una oportunidad de permanecer a la escuela de sargentos Maximiliano Paredes y contar con el grado de suboficiales, solo con la condición de traer doscientos pesos de boliviano, a la que Don Adrián y la mayoría de sus compañeros no respondieron.
Con algunas condecoraciones en la solapa en los años 1998 a 2007 Adrián Espejo, rescato el respeto y la amabilidad de la policía nacional, cuando se acercó a sus instalaciones y pidió un trabajo con la excusa de pertenecer al ejército antiguerrillas que combatió en Teoponte y le respondieron  dándole un lugar en el Batallón de Seguridad Física de La Paz.

Don Adrián, quien publicó un libro de  las memorias que vivió en 1970, no quiere ver su publicación en librerías o su masiva impresión, porque la venta en las tiendas suelen subir el precio por impuestos. Y su trabajo no debe mucho rédito económico, además que llegó a los países de Argentina y Perú.
 Con sus 62 años todavía recuerda el cruce de fuego, los muertos y a la guerrilla, a los que alza honor por defender sus ideales  y la cusa de la pobreza, como expresa en su libro. Ve en Ernesto “che” Guevara a un héroe, que en su perspectiva ni la misma Cuba le había brindado el apoyo que necesitaba en esos momentos. 

Ahora en los tiempos de paz como lo manifiesta el veterano expresa su deseo de no volver a esos tiempos donde todo se arreglaba a la fuerza, porque el trauma de las batallas te lleva a la demencia, como le ocurrió a su camarada Eduardo Silvestri, en la campaña de Teoponte, quien hacía poco tiempo rondaba en las frías calles de la cuidad de La Paz, donde la Av. Pérez Velasco era su refugio para su escape mental, con una lata y un palo, parecía  pedir ayuda. “No hay ayuda, no tenemos muchos reconocimientos por el gobierno actual” decía el ex soldado Adrián Espejo. 


Ya se cumplieron 43 años de la guerrilla en Teoponte, que dejo 65 muertes insurgentes y 22 caídos militares aproximadamente. Aún recuerdan los veteranos esta parte trágica de la historia boliviana, pero aún mejor, recuerdan a sus compañeros en cada reunión que hacen mensualmente, según Don Adrián.  Y los más importante, rinden su honor a sus camaradas y amigos muertos, Don Adrián cierran la cicatriz con estas palabras: “…esta tragedia es muy triste, pero así es la guerra”[8] 



[1] Entrevista realizada el 10 agosto a horas 14.09
[2] Ídem
[3] Espejo, A. Memorias de un soldado en las guerrillas de Teoponte; p. 35
[4] Espejo, A. Memorias de un soldado en las guerrillas de Teoponte; p. 35
[5] Entrevista realizada el 10 agosto a horas 14.09
[6] Espejo, A. Memorias de un soldado en las guerrillas de Teoponte; p. 43
[7] Entrevista realizada el 10 agosto a horas 14.09
[8] Espejo, A. Memorias de un soldado en las guerrillas de Teoponte; p. 48

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