Este
boliviano polifacético, nacido en Potosí, es músico, compositor y artesano. Es
inventor del charango–guitarra, una de sus más famosas creaciones; asimismo, ha
fabricado el charango eléctrico con tallados de formas geográficas —Bolivia,
Potosí— y la guitarra electrónica, también con tallado de la Cruz Andina.
Por: Joel Poma
Chura-Omar Ali Villca
“Corto la madera, las
lijo, las barnizo y les doy alma”[1],
así comprime la esencia de su vida Ricardo Campos, uno de los pocos lutiers originales
de Bolivia. Nació en Betanzos, provincia Cornelio Saavedra del departamento de
Potosí, en 1953; de niño emigró con su familia a la Argentina, donde vivió casi
por 20 años, en 1975 retornó a su país natal y, en la actualidad, radica en la
ciudad del Illimani, La Paz.
Este boliviano
polifacético es músico, compositor y artesano. De sus manos nacen instrumentos
como el charango–guitarra, una de sus más famosas creaciones; el charango
eléctrico, que tiene tallados con formas geográficas (de Bolivia, de Potosí); y
la guitarra electrónica, también con tallados, como el de la Cruz Andina.
Su carrera artística
empezó con la fabricación e interpretación de charangos en su tierra natal,
Betanzos, donde —asegura— se fabricaban
charangos desde la época colonial, por lo cual se lamenta que, en la
actualidad, sólo existan dos talleres.
“Es una pena porque desaparece el lutier”, afirma en tono de tristeza, al
recordar con nostalgia “mi abuelo era carpintero, el mismo fabricaba sus
propios charangos, mi padre también al igual que mi hermano, desde allí empecé
a fabricar y tocar mis propios instrumentos” y todo “rodeado de una naturaleza
purísima”.
Al escarbar sus inicios
musicales relata “me crié musicalmente con las influencias melódicas de los
Gatos, Spinetta....” y cuando ya tenía 15 años, con charango en mano, cuenta “iba a los conciertos y les decía
tocaremos ‘qué hacés loco. Tenés un peludo ahí, querés tocar, haber anotate los
acordes’, me respondían los argentinos y, así, conocí a músicos y personas
maravillosas”.
En 1973, luego del
golpe militar de Augusto Pinochet en Chile, Los Jaivas visitaron Buenos Aires y allí estaba Campos —más
conocido como Don Ricardo por sus amigos y colegas— lo que posibilitó que se
integrara a esta afamada agrupación chilena. “Para mí ha sido un sueño inmenso
tocar en escenarios tan monumentales (con Los Jaivas), donde yo interpretaba
charango y guitarra”, recuerda el lutier boliviano sin ocultar su emoción.
También
“compartí escenarios con los argentinos Charly García y Mercedes Sosa”, aseguró
Don Ricardo sin desglosar más sobre el tema.
Cuando regresó a
Bolivia en 1975 decidió componer música con la identidad cultural del país. Así
logró muchas canciones, entre las cuales resalta “Cholita de ojos azules”,
aunque —de forma paradójica— no tiene los derechos de la interpretación, comenta
“por descuido”, pero le llena de satisfacción que muchas bandas la hayan difundido.
Su pasión por la música
explica que después haya creado su propia banda, Rijch'ariy —término quechua
que significa despierta— con sus hijos Ivón y Gonzalo, cuya vigencia es de 28
años y cuenta con un repertorio mayor a los 15 discos. “En 1985 grabamos el
primer disco (Mi Raza), en 1990 grabamos para Discolandia un vinilo (Viajando
por los Andes), en realidad grabamos muchos vinilos con mis hijos”, remarca el
fundador de este grupo musical de fusión folclore, que no esconde las
influencias del rock, reggae y blues en su producción.
Con una trayectoria de
más de 40 años Ricardo Campos Bracamonte, es palabra autorizada para recomendar
a las nuevas generaciones no olvidar la música y todas las expresiones
artísticas “lo mejor es hacerlo con cariño y aún más si se trata de un arte que
contiene mensaje” sostiene.
Ricardo Campos, interpretando Cholita de ojos azules
[1]
Entrevista realizada el 31 de julio a horas 18.00



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